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Inscriptos en la lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO desde el año 1998, cuando hablamos de los beguinajes -o beaterios- flamencos, lo hacemos sobre las comunidades autónomas religiosas en las que antiguamente se dividía Europa del Norte, y que incluían una serie de edificios integrados, con instalaciones domésticas y monásticas, además de talleres populares.

La curiosidad que sigue a estos edificios es, no obstante, que todos ellos mantienen una serie de reglas en cuanto a su estructura, y diseño, entre otras cosas. Por ejemplo, se repiten las especificidades arquitectónicas religiosas y tradicionales, todos ellos han sido testigos de la tradición de las mujeres religiosas independientes durante la Edad Media, y se los suele asociar además en su conjunto a los valores seculares y monásticos.

Para las personas que se encuentren de visita en Bélgica, podemos detallar que actualmente uno puede recorrer en este país hasta 13 beguinajes flamencos, divididos según la ubicación geográfica que tienen.

Por ejemplo, en Amberes nos encontramos con los beguinajes de Hoogstraten, de Lier, de Turnhout y de Malinas; en Limburgo están los de Sint-Truiden y Tongeren; en Flandes los de Dendermonde, de Sint-Amandsberg y el “pequeño beguinaje”; en el Brabante Flamenco los de Diest y Lovaina ; y finalmente en Flandes Occidental hallamos el de Brujas y el de Courtrai.

Además, existen decenas más de beguinajes en el resto del territorio belga, aunque los mismos, por una razón u otra, no están considerados como parte de este recorrido oficial que sí integran los mencionados anteriormente.

Vía: Salvar Patrimonio
Imagen: W Dict