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En el sector social, Flandes es la región promotora de empleos, a menudo altamente cualificados, que mantienen en un 8,8 por ciento de la población de la región en paro.

La tasa de parados en Valonia y Bruselas aumenta hasta un 19 y 22 por ciento respectivamente, siendo la capital y la región francófona, las zonas de menor oferta de empleo del país.

Ante esta situación, los flamencos apuestan por no correr con los gastos de desempleo de las zonas más desfavorecidas e implantar una situación regional en el mercado de trabajo.

La situación de la política salarial no difiere de la del empleo.

En el norte, son muchas las voces que se elevan para reivindicar políticas regionales diferenciadas, lo que se traduce en salarios más altos en Flandes y más bajos en Valonia y en la capital.

EN CONTRA DE SOLIDARIDAD

Los flamencos no quieren oír hablar del término solidaridad y pretenden negar el aliento que hasta ahora mantienen con sus homólogos del sur.

Sin embargo, no es una posición generalizada entre los ciudadanos, sino entre algunos políticos, principalmente los representantes del partido separatista y ultraderechista Vlaams Blok.

«En todo el mundo, los ricos contribuyen con su ayuda a mejorar la situación de los pobres. Un país sin solidaridad no tiene futuro», respondió el presidente de la Confederación de Sindicatos Cristianos de Bélgica (CSC), Luc Cortebeeck, a esta polémica.

Dos de las razones que mantienen unidas a las dos regiones son la deuda pública y la monarquía.

El endeudamiento del país se eleva a 250.000 millones de euros y aunque hasta el momento los flamencos hacen frente a un mayor pago los actores sociales, desde partidos políticos hasta ciudadanos, apuestan por una «gestión prudente» de esta deuda y por una coalición que permita sobrevivir al actual Estado belga.

Ninguna de las dos regiones podría hacer frente separadamente a este endeudamiento y un pago proporcional a los ingresos del norte y del sur, llevaría la miseria a Valonia.

Por su parte, el mantenimiento de la Corona podría disminuir el choque psicológico de la partición del país.

Sin embargo, para los flamencos la dinastía de Sajonia-Coburgo encarna históricamente la burguesía francófona con el consecuente rechazo, mientras que los valones no se consideran obstinadamente monárquicos y algunos proclaman su deseo de incorporarse a Francia.